Infancia y adolescencia

El cerebro adolescente

Madres, padres y docentes de adolescentes se preguntan constantemente ¿por qué son tan rebeldes?, ¿por qué son tan impulsivos?, y ¿por qué sus emociones que cambian tan rápido? Interrogantes que surgen de los desafíos que tienen con ellas y ellos.    

La población adolescente comprende aproximadamente un tercio en el mundo. Esto significa que tenemos personas jóvenes con cambios importantes en esta etapa. Es importante reconocer que las emociones que expresan les ayuda a ajustarse a cada circunstancia. La rebeldía con sus padres curiosamente les ayuda a diferenciarse de ellos y construir su identidad. Y la energía mental y motora que muestran les permite realizar un sinfín de actividades durante su día.

Los hallazgos neurocientíficos ubican el periodo entre los 9 a los 14 años como un momento crítico en la reconfiguración del cerebro. Por ello, es considerado una segunda ventana de oportunidad para el desarrollo (Spielberg, 2014).

En esta etapa se adquieren nuevas conexiones neuronales en zonas asociadas a las emociones y el aprendizaje. Surgen células neuronales en el área pre-frontal encargada de funciones como la planeación, el juicio moral y la flexibilidad mental, que ayudan al desarrollo de habilidades vinculadas al trabajo, el rendimiento escolar y otras actividades en la edad adolescente y adulta (UNICEF, 2017).

Espirales positivas y negativas

Los aspectos biológicos hacen que los adolescentes tomen riesgos y tengan conductas de exploración (Spielberg, 2014). Es importante saber que apoyos sociales destinados a la alimentación, la educación, y la crianza respetuosa que protegen y atienden el desarrollo, permiten que las y los adolescentes tomen decisiones positivas para su futuro y fortalezcan su capacidad de autonomía para explorar su vida sin riesgos. Estas experiencias socio-afectivas impactan directamente la base biológica del cerebro. El impacto de largo plazo que un contexto positivo tiene durante la adolescencia se le conoce como espiral positiva.

Las experiencias como la pobreza, la migración, la guerra o la misma inseguridad en los hogares afecta el desarrollo del lenguaje, la memoria, la regulación emocional, el ritmo del sueño y la toma de decisiones. Aspectos que los pone en una situación de vulnerabilidad para el consumo de sustancias y el inicio de una vida sexual no responsable, entre otras (Heckman, 2010). El impacto de largo plazo que estas experiencias negativas provoca se les conocen como espirales negativas.

Los factores biológicos como los neurotransmisores y la genética, así como los procesos contextuales como el acceso a oportunidades o condiciones vulnerables impactan directamente el desarrollo juvenil. Considerar ambos aspectos en los programas destinados a la adolescencia es crucial. Mientras más conozcamos su desarrollo, les ayudaremos a conocerse mejor y tener mejor oportunidades para su vida.

Bibliografía

  • Heckman, J. (2010). La economía y psicología del desarrollo humano en contextos de inequidad. Universidad de Chicago. Consultado en: file:///C:/Users/user/Documents/la-economia-y-psicologia-del-desarrollo-humano-en-contextos-de-inequidad.pdf
  • Spielberg, J.M., Olino, T.M., Forbes, E.E. et al. (2014). Exciting Fear in Adolescence: Does pubertal development alter threat processing? Developmental Cognitive Neuroscience, 8, 86-95. doi:10.1016/j.dcn.2014.01.004
  • UNICEF. (2017). El cerebro del adolescente: una segunda ventana de oportunidad. Office of Research Innocenti. https://www.unicef-irc.org/publications/pdf/adolescent_brain_a_second_window_of_opportunity_a_compendium.pdf

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