Violencia y maltrato

Conmemorar: Con-memoria, con-consciencia

A lo largo del año, en el calendario se celebran quizá más festividades de las que deberían. Aunque, algunas las agradece el cuerpo y la mente cuando de asueto se trata.

Lo cierto es que entre el calendario gregoriano, el pagano, el religioso, etc., poco visualizamos los días de conmemoración, o solemnidad, y generalmente los pasamos de largo sin entender su presencia en el calendario. No obstante, como parte de la conciencia colectiva es importante, en primer lugar, entender que conmemorar no es sinónimo de festejar. Luego entonces, estos días cobrarán la relevancia necesaria, al menos en cierta parte de nuestra ética o civilidad. Uno de esos días para conmemorar es el 2 de Octubre: Día Internacional de la No Violencia. Pensando en que ello significa un ejercicio de reflexión que nos permita fortalecer la consciencia para así, poder actuar desde nuestra trinchera.

Si bien, como mexicanos el 2 de Octubre ya dice algo (política y socialmente hablando), la fecha per se habla de cierto tipo de violencia: la violencia social, que como muchas otras variantes de esta problemática, ha aquejado de manera evidente al país los últimos años, para muestra los titulares. El punto no es relevar el carácter turbulento de hechos derivados de la violencia sino pensar que, aún luego de la turbulencia, existe la posibilidad de la calma.

¿Qué conmemoramos?

De acuerdo a la CNDH, el Día Internacional de la No Violencia tiene la finalidad de poner en el mapa el deseo de conseguir una cultura de paz y tolerancia. Ante todo, tiene que ver con la acción efectiva, que nada tiene que ver con ignorar o prevenir los conflictos. Por el contrario, poner de manifiesto el rechazo a la sumisión mediante la lucha sin violencia, poniendo en práctica la protesta, la persuasión y la no-cooperación -o resistencia-.

¿Ahora es evidente por qué la fecha amerita la acción de conmemorar?

Desde todos los contextos en que se abraza el principio de la no violencia, los actos de denuncia, resistencia y persuasión, hace falta más que el arrojo por impulso. A decir verdad, en esa triada de actos la idea detrás es apostar a la puesta en marcha de valores éticos, morales y humanos, que deberían ser el artífice más poderoso para terminar con los conflictos violentos, pues de raíz, o por definición la violencia entraña la carencia de todas esas estructuras.

Es verdad, contra las macroestructuras hace falta más que la puesta en marcha de valores, pero ¿qué tal empezar por pensar, que incluso, nuestra propia escala de valores -bien empleada- es un acto en pro de la no violencia?

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