Enfoque de derechos

Somos el resultado de todas nuestras minorías

En marzo de 2015, los relatores especiales sobre los derechos de las personas con discapacidad: Catalina Devandas Aguilar, y sobre el derecho a la salud: Dainius Pūras, señalaron que alrededor del uno por ciento de la población mundial son parte del espectro autista, lo que representa a unos 70 millones de personas. En México se calcula que 1 de cada 115 niñas y niños tiene autismo.

Los trastornos del espectro autista (TEA) están considerados como una condición que provoca que se comunique, interactúe, comporte y aprenda de maneras distintas a otras personas. Las destrezas de aprendizaje, pensamiento y resolución de problemas de las niñas y niños con esta condición son muy variables; hay quienes tienen un alto nivel de autosuficiencia y hay quienes necesitan mucha más ayuda en la vida cotidiana.

Estas niñas y niños se pueden irritar ante sonidos, luces, movimientos, espacios, texturas, olores, órdenes, interrupciones o cambios de pautas y reaccionan al malestar presentando crisis. Conductas que la mayoría de personas interpretan como «falta de educación» o lo atribuyen a que son «caprichosos» o «berrinchudos».

Una nueva visión

Niñas y niños con TEA y sus familias se enfrentan con innumerables retos de manera cotidiana, ya que aún no hay una comprensión suficiente sobre este estado. El entendimiento del TEA esta visto desde un enfoque en déficit, es decir, más como una carencia o algo que está mal en la persona, qué como una condición que requiere de otras formas para relacionarse y de integración a los diferentes ámbitos, escolares, comunitarios, sociales y ya en la vida adulta, laborales.

Debido a lo anterior, el 27 de noviembre de 2007, la Asamblea General de Organización de las Naciones Unidas declaró el 2 de abril como Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, el objetivo es mejorar la calidad de vida de las personas con TEA para que puedan ejercer una vida plena y digna.

Siguiendo esta idea, necesitamos un cambio de visión en donde las personas que no cubren los parámetros que llamamos “normales” (es decir, lo que se presenta con más frecuencia), sean vistos como seres con los mismos derechos y con capacidades diferentes, ya que lo común en los seres humanos son las diferencias. Darnos la oportunidad de conocer, de interactuar con quien no es igual a mí, aprender de las diferencias y sobre todo enfrentar el miedo que genera la otra persona, para crear una sociedad integrada, la cual garantice la seguridad, en todos los sentidos, de quienes la conformamos.

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