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¿Autorregulación o corregulación emocional en la primera infancia?

Madres y padres esperan que sus niñas y niños en edades muy tempranas puedan regularse emocionalmente en situaciones cotidianas como en la salida al parque, al salir con el resto de la familia o en las compras en el supermercado.

En la primera infancia niñas y niños experimentan transiciones que evocan emociones intensas que son un reto manejar para las personas adultas. Hacen que se preguntén: ¿Por qué lloran tanto? ¿Por qué hacen berrinches por todo?

Estos eventos se relacionan al momento de dejar de ser bebé y tener nuevos retos en el desarrollo. Necesitan el acompañamiento cercano de su cuidadora o cuidador principal, es su manera de decir “mamá aún te necesito”.   

Las personas adultas piensan que las y los niños ya nacen con un sentido de independencia que se notará de un día al otro. Esto no sucede así, en la primera infancia el acompañamiento no es negociable.

Es fundamental que las figuras de cuidado conozcan esto para alentar el acompañamiento de sus hijas e hijos durante su exploración. Por ejemplo, cuando se alteran usualmente la madre o el padre pregunta: «¿Qué te pasa?» y contestan «no sé”. En lugar de esperar que nombren emociones que le son desconocidas, es mejor ayudarles a manejarlas, a volver a la calma. Estar en el proceso de aprender a regular las emociones.

Corregulación emocional, la importancia de “estar con…”

El programa de crianza Círculo de Seguridad Parental Internacional (2018), refiere que la autorregulación emocional es la capacidad de la niña o niño para sobrellevar las emociones fuertes sin sentirse abrumado por ellas.

Una niña o niño no tiene la capacidad de autorregularse sin tener la posibilidad de observar la expresión de las emociones de una persona adulta confiable.

La autorregulación emocional aparece después de los seis años de edad. Antes de eso se llama corregulación emocional, por el proceso entre la niña o niño pequeño y su figura de cuidado en el aprendizaje emocional que se da entre ambos.

La forma en cómo nos regulamos, se relaciona con el desarrollo neural. Contar con personas disponibles que ayuden a comprender y enseñen una expresión emocional a través de un lenguaje que antecede la experiencia o que traduce lo que está sucediendo.

Por ejemplo, cuando un bebé expresa sus emociones activadas por una necesidad fisiológica (comer, dormir o aseo), la persona adulta realiza acciones para satisfacer esas necesidades. Este pequeño proceso es el comienzo de la corregulación. Es ahí donde se aprender a organizar y dar sentido a la experiencia que permite manejar las emociones que aparecen durante su rutina.

La autorregulación es una habilidad que se aprende a través de los vínculos con las personas adultas. Es importante que niñas y niños sientan que hay alguien ahí para ayudarles a manejar sus emociones e integrarlas en su aprendizaje y desarrollo.  

Bibliografía

Nelsen, J. (2018). Disciplina positiva para educadores de la Primera Infancia. Publicado por la Positive Discipline Association.

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