Género

Violencia contra la Mujer, poco hemos cambiado…

«Mi pareja me ha pegado, me insulta, no me deja salir, me dice cómo debo vestirme” esas son algunas de las cosas que contó María; “en la calle no me siento segura, varias veces me han acosado en el camión, me han tocado, me dicen cosas feas…” al mismo tiempo contaba Lupita y así podríamos seguir con miles de historias que cada día están ocurriendo.

Si vemos las noticias encontramos casos de asesinatos, violaciones, desapariciones y un sinfín de actos violentos contra las mujeres.

19 años han pasado, desde que la Asamblea General de Naciones Unidas, designó el 25 de noviembre como el “Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer” y la pregunta es ¿qué ha pasado desde entonces?

Tal vez podríamos hablar sobre los cambios legislativos o podríamos decir que la libertad de expresión a través de las marchas, son algunos ejemplos de los avances que en su lucha han tenido las mujeres o podríamos mencionar los espacios políticos, laborales, sociales en donde se ve “equidad de género”; la realidad es que poco hemos cambiado desde entonces como sociedad.

¿Qué es diferente desde que las hermanas Mirabal fueron torturadas, violadas y asesinadas?, posiblemente no conozcas el caso, ellas se han convertido en el símbolo de la resistencia a las injusticias y a la opresión, fueron tres hermanas dominicanas que se opusieron fervientemente a la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo; a partir de su trágica historia se dio origen a este día como una necesidad de honrar su memoria, hoy estoy seguro que son cientos de miles de mujeres por las que debemos hacer un alto y honrar sus memorias.

¿Qué necesitamos entender, sanar o reparar?

Me parece que necesitamos entender la violencia contra las mujeres en el sentido más amplio, la OMS la define como todo acto de violencia de género que resulte, o pueda tener como resultado un daño físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada.

Ahora nos urge sanar como personas nuestra propia historia de violencia, aprender nuevas formas de relacionarnos donde la admiración, el respeto, la responsabilidad y el cuidado sean los elementos donde estas se apuntalen.

Por otro lado, esta no es una lucha sólo de las mujeres, tampoco debería ser una lucha de las mujeres contra los hombres, ésta lucha contra la violencia debe ser de toda la sociedad, de lograr un sentido de comunidad, de alcanzar plenamente nuestra humanidad.

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