Infancia y adolescencia

“Dijera el juego: Yo veo, veo… ¿O yo leo, leo…?”

Desde la experiencia personal, pensemos cuántas de las cosas y preferencias que adquirimos en la infancia siguen siendo vigentes o son determinantes en nuestra forma de ser y comportarnos. Probablemente, algunas se hayan convertido en costumbres, otras habrán quedado en el olvido y quizá otras más sean algo imprescindible en la vida adulta.

Ya sea un dulce, un lugar, un modo específico de comer o hacer las cosas, hay cosas de las que nunca prescindimos a lo largo de nuestra vida. Dijera Guadalupe Loaeza, en su libro del mismo título: “Infancia es destino” (2014).

La autora comenta que las personalidades más icónicas de la historia tienen infancias ciertamente complejas, llenas de situaciones que sortear. Piensa que en esa etapa pudieron existir factores psicológicos, físicos, sociales y culturales, que no estuvieron en las manos de quienes se hicieron cargo de estos personajes.

Sin embargo, existe una posibilidad en control de los cuidadores: las pequeñas acciones mediante las cuales puede ampliarse el campo de visión u opciones sobre las que la niña o el niño pueden decidir. Esto es, entre más opciones existan, más amplitud podrá tener de moverse en los contextos que va conociendo.

¿Qué tanto influye la sola presencia de los libros?

En este sentido, no es casualidad que algunos instrumentos de diagnóstico en el trabajo terapéutico pregunten por la presencia de arte, cuadros, pinturas o libros en el hogar. El mero contacto de la niña o el niño con estos, ya sugiere la oportunidad de desarrollar afecciones o gustos que beneficien su crecimiento emocional y mental.

La presencia de dichos elementos también se asocia a propiciar interacciones sanas que estrechen los vínculos emocionales sanos entre las figuras de cuidado y sus hijas o hijos.

Así pues, la presencia de los libros, aunada a la experiencia de la lectura (como en el caso de otras formas en que se presenta el arte), puede representar la oportunidad, no solamente de que la infancia sea más lúdica, sino que, en el sentido de la participación infantil y las decisiones que toman posteriormente en su desarrollo, sea más variada.

Por donde se mire, la lectura, en cualquier etapa de la vida, siempre será una inclinación positiva por los efectos positivos que tiene: desde la mejora de la ortografía, hasta una interacción afectiva más cercana y sana.

Siempre habrá que ser cuidadosos con el contenido. Partir de la idea de que la lectura y los libros son elementos poderosos y beneficiosos, es un buen inicio al establecimiento de un buen hábito.

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