UncategorizedViolencia y maltrato

Rezago educativo en México

Una de las preocupaciones más frecuentes entre las figuras de cuidado, así como de las profesoras y profesores, es el aprendizaje de las niñas, niños y adolescentes.  

Según datos del INEGI, en México las personas de 15 años o más cuentan con 9.2 grados de instrucción escolar. Lo equivalente a un poco más de la secundaria terminada. Hay que resaltar que, de cada 100 personas en el mismo rango de edad, el 4% no tiene ningún grado escolar y el 53% sólo terminó la educación básica. En conclusión, más de la mitad de la población en México solo tiene un nivel educativo escolar.

Las implicaciones de estos datos son diversas. Sabemos que un requisito para obtener empleo es contar con instrucción escolar. Y entre más alta mayores son las remuneraciones económicas. Por otro lado, la población con mayor escolaridad ejerce y hace respetar de manera efectiva sus derechos.

¿Las letras con sangre entran?

Por décadas la violencia ha sido ocupada para ejercer la «disciplina». Es común escuchar en generaciones anteriores historias de este tipo. La del profesor que tenía una regla que usaba con los alumnos avalado por los padres. O el uso de la amenaza para obligar a los infantes a hacer la tarea. Recursos nada efectivos.

Presenciar actos violentos o vivir experiencias violentas provoca altos niveles de estrés. El cortisol (hormona del estrés) afecta la producción de mielina que recubre las terminaciones nerviosas. La función de la mielina en la estructura cerebral es como el aislante de los cables en las instalaciones eléctricas. Cuando no está en buen estado puede perderse la intensidad de la energía eléctrica, puede haber fuga de energía e incluso puede causar un incendio por corto circuito.

El aprendizaje se da gracias a la comunicación eficiente de los mensajes a través de la red neuronal. Si no hay suficiente mielina (aislante) la transmisión de los mensajes es deficiente, y por lo tanto, el aprendizaje se ve afectado. El reto, entonces, es generar ambientes libres de violencia. Ambientes en los que la niña o el niño puedan garantizar su seguridad y puedan enfocarse en obtener nuevos aprendizajes. Los espacios físicamente libres de riesgos son de gran ayuda. Y más importantes son las figuras de apego seguro, que ayudan a regular las emociones, que acompañan en la exploración de nuevos conocimientos y apoyan a superar los nuevos retos. Solo así podremos tener mejores resultados en el aprendizaje de las niñas y niños.

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