Guía para la continuidad del trabajo con familias y la prevención de la separación innecesaria de niñas, niños y adolescentes de su entorno familiar y comunitario en tiempos de COVID-19

¿Por qué es necesaria esta guía?

La violencia familiar es un fenómeno presente que deviene en un problema de salud pública que involucra a todos los países.  De acuerdo con UNICEF (2017), cerca de 300 millones de niñas y niños en el mundo entre 2 y 4 años de edad (es decir, 3 de cada 4) son habitualmente víctimas de algún tipo de disciplina violenta por parte de sus cuidadores; de estos, 250 millones (6 de cada 10, aproximadamente) reciben castigos físicos, y 1.100 millones de cuidadores (aproximadamente 1 de cada 4) argumentan que estos son necesarios para criar o educar adecuadamente.

A la par, de acuerdo con los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), los eventos de violencia intrafamiliar han crecido en un 60%. Al respecto, Hans Kluge (director regional de la OMS para Europa) manifestó que “Si los bloqueos continúan durante seis meses, esperaríamos 31 millones de casos adicionales de violencia de género a nivel mundial. La evidencia muestra que la violencia interpersonal aumenta durante cada tipo de emergencia” (ONU, 2020).

En este contexto, hemos desarrollado esta guía, la cual tiene como objetivo principal brindar orientación y herramientas prácticas al personal que trabaja con las familias en situación de vulnerabilidad o riesgo de separación, que les permitan mantener y dar continuidad a la atención y apoyo que les brindan.

¿A quién va dirigida esta guía?

Los contenidos de esta guía están desarrollados pensando en el personal que trabaja en los servicios de asistencia social, particularmente en quienes promueven la protección integral de los derechos de niñas, niños y adolescentes en los distintos niveles de gobierno (federal, estatal y municipal). Esperamos que esta guía ayude al personal directivo en la toma de decisiones sobre la organización y operación de la atención familiar, a las coordinaciones y jefaturas de departamento para la supervisión de la operación ejecutada por el personal a su cargo y, sobre todo, a quienes realizan el trabajo de campo en la atención directa  a familias que enfrentan diversas situaciones de vulnerabilidad, que pueden verse agravadas por la pandemia del COVID-19.

A lo largo de este documento, haremos uso del término “profesional de la atención familiar” de forma genérica, refiriéndonos al personal que facilita los procesos directos de trabajo con las familias y a quienes mantienen el contacto constante con ellas.

¿Cómo está desarrollada esta guía?

En el capítulo 1 de este documento abordamos algunas generalidades a nivel organizacional que contribuyen a delimitar las responsabilidades de los equipos que dirigen, coordinan y operan la atención a las familias, así como algunos mecanismos de respaldo y apoyo para la atención familiar a nivel institucional.

En el capítulo 2 enmarcamos los elementos metodológicos que sustentan la intervención enfocada en prevenir la separación innecesaria de niñas, niños y adolescentes de sus familias, con algunos ejemplos prácticos para la operación. 

En el capítulo 3 nos enfocamos a las y los profesionales de la atención familiar, por lo que abordamos elementos técnicos y prácticos para poder mantener la atención a las familias en modalidades a distancia durante tiempos de contingencia sanitaria.

Finalmente, en el capítulo 4, también enfocado a la práctica, abordamos recomendaciones técnicas para el seguimiento de la atención familiar de cara al regreso a las modalidades presenciales con las medidas sanitarias para cuidar a los equipos de atención y a las familias de riesgos de contagio.

1. Elementos organizacionales

Es importante considerar en la implementación de esta guía los diferentes procesos y actores clave que participan en éstos, en términos de las responsabilidades específicas de cada uno de ellos. Por otro lado, es clave la ubicación del proceso de atención familiar en un equipo concreto, cuyo funcionamiento esté bajo un liderazgo claro, basado en lineamientos y  reglamentos de operación específicos, ya sea que se trate de organizaciones no gubernamentales o de instancias de gobierno como los Sistemas para el Desarrollo Integral de la Familia (Sistemas-DIF).

En este sentido, nos permitimos delinear ciertos elementos que consideramos clave, para los diferentes niveles de operación de la guía en el marco del trabajo con familias en una institución.

La institución deberá generar los lineamientos y procedimientos regulatorios de la atención familiar en términos de la protección de niñas, niños y adolescentes, estableciendo códigos o políticas que proporcionen un marco de principios, estándares y pautas mínimas para orientar las prácticas individuales de sus operadores, trabajadores familiares y todo aquél que se desempeñe en el ámbito de la protección de los NNA  y el trabajo con familias.

Por otro lado, resulta imperativo que desde lo institucional se establezca un modelo de trabajo que ofrezca un marco de referencia o senda para que las y los profesionales de la atención familiar desempeñen su trabajo bajo este marco y no desde el entendimiento individual. Un marco o modelo de intervención contempla entendimientos teórico-metodológicos respecto a la atención y la población que se atiende, así como formas de proceder y dar continuidad a dicha atención.

Desde nuestra experiencia, al trabajar de manera institucional la prevención de la violencia familiar es crucial para establecer un modelo de intervención, considerar 3 elementos interactivos:

La interacción entre teoría, enfoques metodológicos y herramientas resulta en lo que llamamos modelo de atención o intervención. Este modelo guía el trabajo de los operadores en la institución y está basado en evidencia científica por lo que conlleva una intencionalidad, periodicidad de la atención, formas de acercamiento hacia la población, herramientas de trabajo y evaluación para considerar un tiempo específico de intervención dependiendo de la complejidad de cada caso.

Comités técnicos de acompañamiento de casos: estos comités son reuniones de equipo de trabajo en conjunto con las o los supervisores, en los que se revisan los casos y se da seguimiento a los acuerdos que, en equipo, se han establecido para los mismos. Debido a la cantidad de casos resulta importante clasificarlos para revisar puntualmente los que fueran de más alto riesgo y realizar estos análisis de manera semanal.

Sistema de monitoreo y evaluación familiar: el equipo de atención familiar debe contar con insumos, instrumentos de evaluación que les permitan obtener información sobre los avances de la familia y tomar decisiones respecto al ritmo y rumbo de la intervención. Como ejemplos podemos citar la Escala de Funcionamiento Familiar, de Emma Espejel Aco (Espejel, 2018) o el Inventario HOME (Cox, Pizzey, Walker, 2018).

Talleres de evaluación y planeación – Capacitación constante: Los talleres de evaluación y planeación son reuniones de trabajo técnico en las cuales los equipos que atienden familias revisan los avances de esta de manera semestral para tomar decisiones del rumbo y ritmo de la intervención. Estos espacios de trabajo sirven para el monitoreo cualitativo y cuantitativo de los procesos familiares y también para fortalecer habilidades o capacitar al equipo en determinadas herramientas.

La capacitación y entrenamiento de equipos de atención familiar de manera regular es crucial para el fortalecimiento y mejora constante del trabajo con la familia. La capacitación es un recurso muy importante de retención del personal. Esta retención puede ser clave en procesos de mediano y largo plazo con familias pues el cambio constante de trabajadores de la atención familiar frena avances o dificulta los mismos.

Los equipos de atención familiar requieren, desde una visión estratégica, el acompañamiento de quienes coordinan o supervisan para orientar el trabajo cotidiano.

Es importante que quienes supervisan los equipos que trabajan con familias contemplen una serie de formatos y documentos que dichos equipos deben de ir llenando para dar cuenta de las actividades realizadas con cada familia. Estos deben formar parte del expediente de cada familia que deberá contener información sobre los avances o retrocesos a través de la información brindada por el sistema de monitoreo y evaluación del programa.

Por otro lado, las personas encargadas de la supervisión deben establecer visitas semestrales de acompañamiento a las familias de manera aleatoria para observar in situ cómo se están desarrollando los procesos y sesiones familiares y, posteriormente, retroalimentar a los equipos respecto a sus observaciones. 

El equipo de atención familiar deben ceñirse al modelo de intervención establecido por la institución y, si bien, pueden aportar innovación y mejoras, es necesario que cualquier cambio en las rutas de intervención esté siempre bajo la supervisión y respaldo de las supervisiones, coordinaciones o direcciones.

El equipo de atención familiar tienen la obligación de informar cualquier situación que ponga en riesgo a niñas, niños y adolescentes tan pronto la identifiquen.

Trabajo en diadas (presencia de coterapeuta): Este trabajo tiene muchos beneficios: evita que las y los profesionales tengan una visión sesgada de la familia, posibilita el intercambio de ideas para fortalecer hipótesis de trabajo y generar nuevos rumbos de la intervención, ofrece seguridad al equipo pues muchas veces las comunidades que se visitan están alejadas de los centros urbanos o constituyen ambientes de difícil acceso u otros. En el ámbito de la terapia familiar sistémica se habla de “co-terapia”, que implica la presencia de dos trabajadores de la atención familiar para, de manera conjunta, integrada y sinérgica, abordar las situaciones problemáticas que presenta la familia y combinar las miradas y enfoques (Whitaker, C., 2012).

2. Elementos metodológicos

La atención a familias que han vivido violencia requiere de una intervención dirigida al procesamiento emocional y la sanación a nivel psicológico (componente psicoterapéutico), y al mismo tiempo incidir en el desarrollo de formas no violentas de relacionarse entre los miembros de la familia, y de esta con el mundo (componente educativo).

Dichos componentes se encuentran en la intervención educativa-terapéutica:

«Conjunto estructurado de intervenciones y estrategias educativas, psicológicas y lúdicas que tienen el propósito específico de acompañar a la población, a través de una relación segura, para ayudar a comprender sus experiencias de vida, desarrollar su autoestima y bienestar emocional, además de construir relaciones saludables que les permitan reajustar sus respuestas al estrés y sustituir las estrategias de adaptación dañinas con respuestas más efectivas.»

Esto implica que toda actividad llevada a cabo dentro del marco de la intervención debe estar intencionada, incluyendo, desde elementos cotidianos como la forma en que saludamos, hasta prácticas psicoterapéuticas encaminadas a la sanación de experiencias adversas.

El profesional de la atención familiar como figura de apego.

Esta relación se vuelve el camino por el cual transitan las técnicas empleadas durante la intervención, en este sentido, sin un camino adecuado, llegar al destino sería sumamente complicado o incluso imposible.

Llamamos relación terapéutica segura al desarrollo de un vínculo funcional con la población y se basa en el respeto, confianza y calidez, características que no surgen espontáneamente, sino a través de la predictibilidad, constancia, consistencia y la aceptación de las personas.

Para explicar estos conceptos, podemos describirlos y ejemplificarlos:

  • Predictibilidad: Para las personas que han tenido experiencias adversas y violentas, de manera constante y desde edad temprana, la capacidad de predictibilidad se ha visto sumamente limitada. La exposición a las amenazas ha provocado que fisiológicamente se encuentren enfocadas en sobrevivir en el presente, lo que les ha limitado en sus posibilidades de pensar a futuro. De aquí la necesidad de incorporar prácticas que ayuden a las personas a desarrollar el sentido de predictibilidad. Podemos pensar en cómo programamos las actividades y las cumplimos como un proceso (ir al ejemplo 1).
  • Constancia: Otra consecuencia relacionada con la vivencia de experiencias adversas es la dificultad para desarrollar confianza, lo que conlleva que los cambios e imprevistos se consideren amenazantes. Esto implica desarrollar prácticas constantes y regulares, tanto en cuestión temporal (por ejemplo, un mismo día de la semana y un mismo horario para atender la sesión), como en cuestión de contenidos (aunque las actividades variarán, la estructura de las sesiones será siempre la misma: actividad de inicio, revisión de tareas, actividad central, tareas para la siguiente sesión, retroalimentación y cierre).
  • Consistencia: Además de la percepción de amenaza ante los cambios e imprevistos, las inconsistencias en cuanto a la información que provee la institución o las acciones y actitudes del o la profesional de la atención familiar, pueden ser “amplificadas” por las personas integrantes de la familia y provocar respuestas defensivas. Por esto es importante tener un constante monitoreo personal para mantener un lenguaje, acciones y actitudes consistentes.

Otra característica importante en la relación terapéutica segura es la capacidad del o la profesional de la atención familiar para constituirse en una figura de apego seguro para las personas que acompaña. Este vínculo implica que la familia pueda desarrollar un sentido interno de confianza a través de identificar las propiedades de una figura de apego en la relación terapéutica. Para lograr construir esta relación se requiere que:

  • La o el profesional mantenga una relación profesional, ética y cálida con los miembros de la familia.
  • La o el profesional sea generoso y humilde, teniendo apertura a identificar todo lo que puede aprender de la familia.
  • Identifique y aproveche las fortalezas con las que cuenta la familia a nivel grupal e individual, procurando nombrarlas y evidenciarlas para que los integrantes de la familia las reconozcan y vea el beneficio de su uso.
  • Tenga la capacidad de contener emociones (propias y de los individuos de la familia).
  • La forma de acercarse a la familia sea a través de una curiosidad genuina por conocerlos y de comprender sus experiencias y procesos emocionales, evitando juicios de valor e incentivando la empatía.
  • El proceso sea honesto y transparente, considerando que habrá mensajes difíciles que transmitir y que requieren de una relación consolidada para ser manifestados.

Para lograr una intervención efectiva, requiere ser diseñada en función de las necesidades y capacidades de la familia. Para esto, se tiene que identificar:

  • El nivel de acercamiento o distancia que tiene cada miembro de la familia al entendimiento respecto a cómo funciona la misma en diferentes áreas (nivel de activación de la familia)
  • Las necesidades explícitas e implícitas de la familia.
  • Las fortalezas que les han hecho llegar hasta donde están.
  • Los procesos por los que ha transitado la familia antes que llegara la intervención a su vida.

Con activación nos referimos a la capacidad que tiene la familia para hacerse cargo y tomar responsabilidades. Cada familia cuenta con un nivel de funcionamiento diferente, por lo que necesitamos tener siempre presente cuáles son las situaciones o problemas de los que sí puede hacerse cargo, qué responsabilidades puede tomar en cada fase de la intervención. Esto permitirá a quienes brindan la atención familiar identificar el nivel de compensación necesario a implementar. La compensación implica el apoyo que requerirá brindar para que la familia avance en su proceso. Este escenario puede explicar mucho del porqué de la poca eficacia de algunas estrategias empleadas en el acompañamiento familiar (ir a ejemplos 2, 3 y 4).

La activación-compensación tiene que verse como un proceso de aprendizaje en el que se identifica el nivel de activación de la familia para que el o la profesional de la atención familiar brinde la compensación que considere necesaria según el caso. A medida que avanza la intervención la activación de la familia irá en aumento y la compensación disminuirá de manera progresiva.

Este punto implica reconocer de manera constante los logros y recursos desarrollados por las familias durante el proceso, además de invertir trabajo en identificar los recursos y fortalezas con los que ya cuentan.

Los enfoques tradicionales para abordar la violencia en familias implican que las y los profesionales tomen una postura de autoridad vertical, de experto en la vida y experiencia de la familia en la que la población atendida toma un rol pasivo en su proceso de cambio.

En respuesta a estas intervenciones surge una perspectiva que propone entender diferente a la población atendida y parte de estos supuestos:

  • Todos los ambientes y todas las personas, hasta los que podemos suponer más desprovistos tienen recursos.
  • Todas las personas y ambientes cuentan con fortalezas que pueden ser activadas o movilizadas para mejorar la calidad de vida.
  • La motivación de la persona o familia para el cambio aumenta o se fomenta cuando se pone un énfasis consistente en sus fortalezas, reconocidas y definidas por ellas con apoyo de los profesionales.
  • Focalizar en las fortalezas nos aleja de la tentación de culpar o juzgar y nos orienta a descubrir cómo la familia se las ha arreglado para sobrevivir aún en las más difíciles circunstancias.

Lo que implicaría que las y los profesionales:

  • Perciban a la población como personas que cuentan con fortalezas y con la capacidad de seguir aprendiendo, creciendo y cambiando.
  • Centren la intervención en las fortalezas y aspiraciones de las personas que atienden.
  • Conciban que la comunidad y el ambiente social cuentan con abundantes recursos.
  • Consideren que la relación con las personas que atienden es de cooperación.
  • Basen la intervención en la autodeterminación de las personas con quienes trabajan.
  • Se comprometan a favorecer el empoderamiento de las personas.
  • Consideren la exploración cooperativa con las familias como como medio de identificación de las fortalezas.
  • Desarrollen intervenciones particulares basándose en las características, necesidades y recursos de cada familia.

Este tipo de prácticas nos puede llevar a reproducir el siguiente ciclo:

En respuesta a estas intervenciones surge una perspectiva que propone entender diferente a la población atendida y parte de estos supuestos:

  • Todos los ambientes y todas las personas, hasta los que podemos suponer más desprovistos tienen recursos.
  • Todas las personas y ambientes cuentan con fortalezas que pueden ser activadas o movilizadas para mejorar la calidad de vida.
  • La motivación de la persona o familia para el cambio aumenta o se fomenta cuando se pone un énfasis consistente en sus fortalezas, reconocidas y definidas por ellas con apoyo de los profesionales.
  • Focalizar en las fortalezas nos aleja de la tentación de culpar o juzgar y nos orienta a descubrir cómo la familia se las ha arreglado para sobrevivir aún en las más difíciles circunstancias.

Lo que implicaría que las y los profesionales:

  • Perciban a la población como personas que cuentan con fortalezas y con la capacidad de seguir aprendiendo, creciendo y cambiando.
  • Centren la intervención en las fortalezas y aspiraciones de las personas que atienden.
  • Conciban que la comunidad y el ambiente social cuentan con abundantes recursos.
  • Consideren que la relación con las personas que atienden es de cooperación.
  • Basen la intervención en la autodeterminación de las personas con quienes trabajan.
  • Se comprometan a favorecer el empoderamiento de las personas.
  • Consideren la exploración cooperativa con las familias como como medio de identificación de las fortalezas.
  • Desarrollen intervenciones particulares basándose en las características, necesidades y recursos de cada familia.

Este tipo de prácticas nos puede llevar a reproducir el siguiente ciclo (Ira a ejemplo 5):

3. Acompañamiento familiar a distancia: sosteniendo la intervención con las familias en tiempos de contingencia por COVID-19

La contingencia sanitaria suscitada en el 2020, y que en 2021 continua,  por la Pandemia por COVID-19, ha puesto a quienes brindan atención familiar frente a nuevos retos y condiciones, entre las que se destacan:

  • El incremento de la brecha entre las familias y los servicios públicos.
  • El crecimiento de la pobreza y la marginación.
  • Condiciones económicas y laborales frágiles.
  • Las limitaciones físicas y operativas  para brindar la atención y acompañamiento familiar.
  • El aumento de la violencia en las familias por diversos factores de riesgo, tales como:
  • Historial de violencia en sus distintas formas.
  • Consumo alto de bebidas alcohólicas o sustancias psicoactivas.
  • Miembros con algún tipo de discapacidad o enfermedad mental.
  • Cambios importantes en la configuración familiar.
  • Tensiones económicas.
  • Estrés por el confinamiento.

Un enfoque ortodoxo demandaría la presencia física del personal de la atención familiar, sin embargo,  se requiere de una solución conciliadora que permita a las y los profesionales mantener la atención a estas familias sin exponerles ni exponerse a los riesgos de salud propios de la contingencia actual.

Afortunadamente, los avances tecnológicos nos han permitido que las distancias físicas se acorten y que los dispositivos o herramientas que hacen posible el contacto o la comunicación a distancia sean cada vez más accesibles económicamente. En este sentido, estos avances pueden convertirse en la puerta de entrada para la interacción con las familias que requieren de nuestro acompañamiento. Teniendo en mente que no todas las familias cuentan con los mismos recursos ni tienen acceso a todos los servicios de comunicación. Siendo necesario identificar cuáles son las posibilidades para entablar contacto con cada familia en particular.

La adecuación de los servicios y búsqueda de recursos o mecanismos alternativos para dar continuidad a la atención familiar en modalidades no presenciales tiene varios beneficios:

  • El vínculo con la institución y con la o el profesional de la atención familiar se mantiene.
  • Se da continuidad al proceso de atención.
  • La familia encuentra en la institución el apoyo social y moral que requiere.
  • La familia tiene un espacio de contención, estructurado y planificado para hablar sobre lo que está viviendo y sobre los impactos que ha tenido la situación de emergencia por la COVID-19 en sus vidas y posibles herramientas para enfrentarlos.

Pensar en la atención a distancia nos exige identificar la pertinencia, prioridad y modalidades posibles para continuar con la atención y contacto con la familia, por lo que necesitamos revisar previamente el historial de la relación que institucionalmente se ha desarrollado con la familia:

  • ¿Cuánto tiempo llevamos atendiendo a esta familia?
    • Un tiempo corto de atención implica que la relación está aún en desarrollo, por lo que es relevante que la atención se intensifique; necesitamos desarrollar un equilibrio entre una postura directiva y una de respeto hacia las formas y estilo de la familia.
    • Un tiempo de atención más prolongado nos permite conocer mejor el nivel de capacidad que tiene la familia para hacerse cargo y tomar responsabilidades, si el tiempo de atención ha sido prolongado y la autonomía de la familia es relativamente alta, esta podría atravesar la contingencia solo con un monitoreo por parte del profesional de la atención familiar. Por el contrario, si se identifica que las relaciones dentro de la familia continúan con violencia y que la autonomía de la familia para enfrentar las situaciones adversas es todavía baja, será necesario mantener la atención a distancia con mayor profundidad.
    • Cuando se ha tenido un tiempo considerable de trabajo con la familia, es posible acordar en conjunto el medio por el que puede sentirse más en confianza para dar continuidad a la atención.
  • ¿Cuáles han sido las estrategias que se consideran exitosas para esta familia?
    • Identificar las intervenciones que han tenido un impacto favorable en la familia nos ayudará a que sea más fácil reflejar sus éxitos para que sean ellos quienes asuman la responsabilidad sobre distintas áreas bajo estas circunstancias. También nos facilita identificar las estrategias que han funcionado con cada familia en particular, siguiendo el principio: hacer más de lo mismo que ha resultado y menos de lo que no.
  • ¿Cuáles son los riesgos que tiene esta familia?
    • Identificar riesgos relevantes nos obliga a mantener la relación con la familia para comunicarles que cuentan con un soporte y que existen personas que están preocupadas por ellas.
    • Cuando son pocas las posibilidades de comunicación y enlace con las redes de apoyo existe un riesgo importante, por lo que se necesita contribuir a que la familia pueda volver a vincularse con las redes que tenía.
  • ¿Cuáles son las necesidades de atención particular de esta familia durante la contingencia?
    • Es importante realizar un análisis detallado (hacerlo en equipo puede ayudar a dar una mirada más amplia) del proceso de cada familia antes de la contingencia, para poder elaborar estrategias que permitan desarrollar las intervenciones durante la contingencia con mayor soltura. En función a este análisis, es necesario desarrollar un plan de intervención a distancia, que se enfoque en las necesidades específicas de la familia e identificar las dificultades particulares asociadas a la contingencia que pudiera estar experimentando:
      • Derechos vulnerados de las niñas, niños y adolescentes.
      • Servicios con los que la familia no cuenta por las condiciones de contingencia.
      • Recursos que pueden acercarse a la familia.
      • Situaciones que ameriten ser abordadas con urgencia porque representan riesgos inminentes.

Una vez desarrollado el plan de intervención a distancia, se deben considerar las opciones de contacto. El teléfono es el medio más común, sin embargo, se aconseja una videollamada, en caso de que sea posible, pues ver los rostros de las personas genera sensación de cercanía y permite identificar el grado de comodidad de los miembros de la familia, y en caso de que se detecte alguna incomodidad, se deberá cambiar de estrategia. Por otro lado, a través de la videollamada se podrá observar cómo se preparan los miembros de la familia, tanto a nivel de arreglo personal como de organización de los espacios físicos visibles durante la duración de esta.

En las aplicaciones telefónicas de uso cotidiano hay un punto importante a considerar: El uso de mensaje de texto a de voz; se requiere mucho cuidado para su uso puesto que la intensión del emisor podría ser interpretada por el receptor de forma diferente y, por lo tanto, la idea central del mensaje puede distorsionarse. Procura evitarlos, salvo para acordar horarios de llamadas.

Antes de establecer contacto telefónico o por videollamada, es importante que tomes en consideración los siguientes puntos:

  • Autocuidado. Debes mantener un monitoreo constante de tus reacciones emocionales. Recuerda que es necesario que la familia cuente con una base segura y estable por lo que un desborde emocional de tu parte puede ocasionar un descontrol emocional en la familia, para evitar esto atiende y valida tus emociones.
  • Espacio/lugar. Destina un espacio cómodo para ti en donde puedas tener un adecuado nivel de privacidad y libre de contaminación auditiva. Si estás trabajando desde casa, procura acondicionar un espacio con un escritorio, donde puedas hablar de temas difíciles con un nivel de voz moderado sin temor a ser exhibido o juzgado; incluso, puedes acordar con tu familia los horarios que dedicarás a la atención, para que respeten la privacidad de tu espacio y procuren no tener actividades que te interrumpan en ese  tiempo.
  • Equipo para las llamadas. Para llamadas de larga duración resulta más cómodo usar un sistema de manos libres que te permita tomar notas y llevar el registro correspondiente de la atención que estés dando. Recuerda que la duración puede ser mayor a una llamada telefónica convencional. Recomendamos no hacer uso del altavoz puesto que cualquier sonido ambiental puede ser amplificado y contaminar la llamada.
  • Consideraciones del equipo. Si realizas la llamada desde un celular, asegúrate que la carga de la batería esté por encima del 70% (las llamadas y videollamadas consumen mayor energía) y evita tenerlo conectado a una corriente eléctrica durante la llamada por cuestiones de seguridad.
  • Identifica alternativas de comunicación. En caso que el dispositivo que uses, o la red en la que te conectes, fallen. Realiza un plan para cualquier posible falla y compártelo con la familia para que sepan los pasos a seguir en caso de alguna complicación en la comunicación y se evite estrés innecesario.
  • Programación. Realiza una programación de la atención remota en un calendario visible, sobre todo si atiendes a más de una familia, considerando tanto el tiempo previo que requieres para la planeación como el posterior para redactar el resumen. Con cada familia llega a un acuerdo para programar las llamadas, procurando no excederlos 60 minutos por llamada. Contar con un tiempo fijo ayudará a dar estructura y contención.
  • Autocuidado. Como parte del autocuidado, debes establecer horarios adecuados para ambas partes, y si vas a compartir tu número telefónico o de celular con las familias establece algunos límites para salvaguardar tu seguridad y espacio personal; por ejemplo, asigna como horario limitado de atención de 9:00 h a 18:00 h (salvo situaciones de emergencia que incumban a tu función). También contempla en la programación un horario adecuado para ingerir tus alimentos y trata de respetarlo.
  • Establece rutinas. Procura programar las llamadas el mismo día y horario. En caso de que identifiques algún riesgo mayor, te recomendamos considerar un día más (es decir, dos a la semana). La intención es que la atención telefónica se vuelva parte de la rutina familiar dentro de esta contingencia.
  • Materiales extra. Contempla lo necesario para poder tomar apuntes y procura llevar una bitácora de todas las llamadas que realices.
  • Prepara un directorio. Ten a la mano un directorio de tu localidad para proporcionarlo a la familia, en caso de que requiera algún servicio de salud. Infórmate acerca de qué tipos de apoyos están dando otras organizaciones que pueden ser útiles para las familias que atiendes (ver directorio de recursos y servicios en Anexos).

Como profesionales, la intervención familiar nos exige mucha pericia, habilidades y conocimiento, siendo aún más complejo de manera remota, por lo que es importante tener en cuenta los siguientes puntos:

  • La experiencia de acompañamiento familiar a distancia puede resultar un poco desconcertante para la familia, para ayudarles puedes convocar a todos al inicio. Realiza un esfuerzo y pide a la familia también que lo haga para contar con todos los miembros o su mayoría. Quizá no todos los miembros quieran estar presentes al principio, de ser así, no te preocupes, la constancia que lleves en la atención continua ayudará a que poco a poco se integren los demás miembros.
  • Quizá sea necesario que mandes un recordatorio unas horas antes para prevenir a la familia. Es probable que las primeras veces la familia pase por alto la cita acordada.
  • Procura ser paciente, este tipo de contacto requiere que las personas se adecuen a las nuevas formas de funcionamiento e interacción.
  • Contempla un tiempo para establecer con la familia la forma en que se llevarían a cabo las sesiones, incluso considera un tiempo para explicarles el funcionamiento de la aplicación o dispositivo que usarán para las reuniones.
  • Estructurar las sesiones de forma homogénea ayudará a que la familia la identifique como un evento particular, diferente a una llamada o videollamada común, para ello:
    • Procura establecer una actividad de inicio en donde todos los miembros de la familia tomen un turno para presentarse y expresar cómo se sienten, nombrando la emoción que estén experimentando y aclarando que “bien”, “mal” o “más o menos” no son emociones (Ir a ejemplo 6)  (puedes descargar el termómetro de las emociones en los anexos al final de la página).
  • Pide a la familia que destine un espacio físico particular para llevar a cabo las reuniones virtuales. Es probable que, dada la limitación de los espacios, usen uno donde se realiza otra actividad (comedor, cocina o dormitorio); lo importante es que en el tiempo de la reunión se use siempre el mismo (Ira a ejemplo 7).
    • Dentro de las sesiones considera organizar algunos juegos. Aunque no estés presente físicamente, puedes pedir a la familia que realice una actividad lúdica. Recuerda que estás tratando de desarrollar un ambiente de convivencia libre de violencia, por lo que jugar (de manera segura y no competitiva) permitirá que todos los integrantes participen, liberen estrés, generen interacciones positivas, mejoren su comunicación y desarrollen habilidades sociales; asimismo contribuye a crear un espacio para que todas y todos se conozcan mejor (Ir a ejemplo 8).
  • Si observas que algún miembro de la familia requiere atención individual para hablar temas difíciles, no dudes en abrirle un espacio en un horario y día distinto al asignado para la familia.
  • Dadas las condiciones de estrés generado por la situación de contingencia sanitaria, es muy probable que las personas no se den cuenta de que sus emociones están cerca del desborde y requieran del apoyo del o la profesional para que logre identificarlas oportunamente, por ello es necesario estar atento a las señales que dan las personas al otro lado de la comunicación y tener disposición completa para recibir y atender a la familia.
  • Disminuye la cantidad de imprevistos que puedan interrumpir la llamada. Si recibes o atiendes un mensaje, un correo u otra llamada se desviará la atención que estás dando. Asimismo, puedes activar la opción de vibrador en tu dispositivo (en vez de sonido) para reducir el impacto de distracción de una llamada inesperada.
  • Lleva un registro de la sesión, esto te ayudará a tener presente los detalles del proceso que lleva cada familia evitando que pidas de nuevo la misma información. La familia notará que tienes presente lo que te dicen y les estarás comunicando que son importantes para ti, esto fortalece la relación.
  • Trata de que las sesiones sean activas, intenta que todos participen, por ejemplo, nombra a una persona para que conteste alguna pregunta o para que participe.
  • Asegúrate de que los integrantes de la familia comprenden el mensaje que estás tratando de entregar, ya que este puede distorsionarse al no tener contacto visual con ellos (como sucede en un encuentro cara a cara).
  • Si vas a brindar información, procura que sea lo más concreta posible, evita huecos que se presten a otras interpretaciones.
  • El manejo de los silencios debe ser muy cuidadoso, el tiempo en una llamada telefónica puede percibirse más largo de lo normal, aunque no necesariamente sea así.
    • Procura identificar cuando un silencio forma parte del proceso de reflexión de los miembros de la familia y no llenes esos silencios con tu voz.
    • Es importante diferenciar un silencio generado porque ya no hay más que hablar sobre el tema (en este momento es necesaria tu intervención).
    • También recuerda que, al igual que en una modalidad presencial, el profesional de la atención familiar debe evitar dominar con su conversación el tiempo de la sesión.
  • Considera un tiempo previo al cierre para hacer un resumen de las actividades realizadas durante la reunión a distancia. Es importante que este resumen esté retroalimentado por la familia para tener el punto de vista sobre cómo vivió cada miembro la reunión y enriquecer tu interpretación personal.
  • Antes de terminar la llamada, asegúrate que la familia tenga un control relativo de sus emociones; para ello puedes implementar una actividad de cierre donde cada miembro tiene un turno para decir cómo se siente y cómo se queda al final de la sesión, puedes inclusive realizar una reunión comunitaria de cierre.
  • Agradece el tiempo que han destinado y procura que la familia sea la que termine la llamada.

En líneas anteriores mencionamos que para la programación de las sesiones debes considerar un tiempo previo y uno posterior, que no solo te servirá para elaborar la planeación y el resumen de la sesión (el cual te sugerimos hacerlo una vez que termina la sesión para aprovechar que se tiene la información reciente), sino que además te permitirá procesar la carga emocional generada en dicho espacio. Asimismo, es importante considerar que el cuidado del espacio terapéutico que se crea en la intervención depende en gran parte del o la profesional a cargo de la atención familiar, por lo que hay medidas que pueden ayudar a dicho cuidado:

  • La información que comparte la familia es personal, por lo que se debe tratar con mucho respeto y debe verse reflejado en el manejo que tengamos de ella. Es importante contar con un equipo de respaldo que nos brinde otras miradas del trabajo y nos ayude a desarrollar estrategias a través del análisis de los casos. Para esto es necesario que también el equipo se comprometa a tener un manejo respetuoso de la información compartida por la familia. Debes cuidar la información que comparte la familia y evitar usarla para otros fines que no sean de la atención familiar per se. En el caso que se tuviera que dar un uso institucional o de investigación a la información de la familia, deberás solicitarles previamente su consentimiento informado.
  • En cualquier modalidad de atención toda actividad llevada a cabo dentro del marco de la intervención debe estar intencionada y reflexionada para prevenir y atender los problemas que impiden o dificultan el ejercicio pleno de los derechos de las niñas, niños y adolescentes dentro de estas familias. Con esto nos referimos a que existe una gran diversidad de recursos muy prácticos que van desde un saludo hasta prácticas psicoterapéuticas encaminadas a la sanación de experiencias adversas.
  • Parte fundamental del cuidado del espacio terapéutico se vincula al estado en el que, como profesionales nos encontramos; por ello, es importante mantener un horario de atención a distancia que te permita descansar, despejarte y dormir lo suficiente, de lo contrario tu desempeño se verá afectado y esto se puede evidenciar durante la sesión. Evita estar bajo el influjo de bebidas alcohólicas durante la atención a distancia, pues además de que puede ser muy notorio refleja una falta de respeto para la familia y el proceso. Si tienes alguna reunión de atención familiar a distancia después de la hora de la comida, procura que esta sea relativamente ligera para evitar que tengas sueño durante dicha reunión. Mantén a la mano agua disponible para beber, la deshidratación puede afectar nuestros procesos de pensamiento y también nos puede dificultar la dicción.

4. Acompañamiento familiar en la nueva normalidad

Conforme la contingencia avanza, nuestra sociedad requiere implementar procedimientos que nos permitan reintegrarnos a una vida cotidiana con medidas sanitarias de protección ante el riesgo de contagio de COVID-19, para esto, el Gobierno Federal ha compartido algunos lineamientos para tomar decisiones acerca del trabajo presencial (ver categorización del centro de trabajo por dimensiones en Anexos).

A continuación, exponemos algunas consideraciones para regresar gradualmente a la modalidad presencial de atención familiar de manera segura.

Volver a la atención presencial implica un cierto nivel de riesgo, por lo que una primera medida de protección, tanto para el personal como para las familias, es identificar quiénes pueden regresar a brindar atención presencial y qué familias son aptas para esta modalidad.

  • Antes de la atención:
    • Es necesario que todo el personal cuente con capacitación adecuada y constante que les permita desarrollar estrategias de autocuidado, identificar factores de riesgo y contribuir para limitar la propagación del virus.
    • Cada profesional de la atención familiar debe contar con un equipo de protección personal, asegurar la renovación de los insumos conforme sea necesario y contar con capacitación para su manejo adecuado:
      • Cubrebocas
      • Protección ocular
      • Guantes de uso doméstico para la limpieza
      • Kit de limpieza que por lo menos incluya:
        • Gel con base de alcohol al 70% o soluciones desinfectantes
        • Toallas de papel desechable
        • Paños para limpieza
        • Toallitas desinfectantes
        • Bolsa de plástico para almacenar todos los residuos
      • De manera diaria se requiere un monitoreo del estado de salud del personal. Si alguna persona manifiesta dificultad respiratoria y su temperatura marca 37.5 C° o más se le debe otorgar un permiso para que regrese a casa y permanezca ahí bajo observación.
      • Es importante que no se programen visitas domiciliarias de manera continua para reducir riesgos de contagio, incluso, se aconseja que la o el profesional de la atención familiar regrese al centro de trabajo y cambie su ropa por una limpia para realizar una segunda visita domiciliaria.
      • También es importante monitorear el estado de salud de los miembros de la familia que se va a visitar. Ayudaría comunicarse con ellos antes de la visita para saber si alguien ha manifestado algún síntoma respiratorio, y de ser así se recomienda reprogramar la visita y brindar la orientación necesaria a la familia para actuar frente a dichos síntomas.
      • En el trabajo presencial con las familias se requiere en muchas ocasiones el uso de distintos materiales, incluso, es común que los profesionales de la atención familiar que realizan visitas domiciliarias cuenten con un kit de materiales que traen consigo todo el tiempo que realizan visitas. Dados los riesgos de contagio, recomendamos reducir el uso de materiales y en lo posible no portar maletas, mochilas, bolsos u otro tipo de accesorios.
      • De manera institucional se debe decidir cuál es la forma más segura para que las y los profesionales acudan a los domicilios donde brindarán la atención familiar. El uso del transporte público conlleva algunos riesgos, por lo que, en caso de requerirlo, se recomienda lo siguiente:
        • Desinfecta tus manos antes de abordar.
        • Usa cubrebocas y protección ocular.
        • Evita tocarte la cara y, en lo posible, las superficies del vehículo.
        • Procura mantener una distancia mínima de 1.5 m con las demás personas.
        • Al bajar, desinfecta de nuevo tus manos.
        • Si el desplazamiento es a través de vehículos institucionales, es importante que no dejes de usar cubrebocas durante el trayecto y que desinfectes tus manos antes y después de abordar el vehículo.

 

  • Durante la atención:
    • La predictibilidad es un elemento que ayuda a que los ambientes desarrollen estructura, por lo que te recomendamos que al llegar al domicilio de la familia comentes que, por cuestiones de seguridad, tanto la familia como tú, deberán seguir algunas instrucciones:
      • Durante la sesión, todos los miembros mantendrán el uso de cubrebocas (es necesario prever la situación y contar con un juego de cubrebocas nuevos, si es que la familia no cuenta con ellos); incluso, puedes considerar hacer una actividad sobre el uso adecuado del cubrebocas.
      • Evita el contacto físico y procura mantener una distancia mínima de 1.5 m.
      • Antes de iniciar la sesión, tanto tú, como todos los miembros de la familia, deberán lavarse o desinfectarse las manos.
      • Evita intercambiar objetos con la familia y en caso de hacerlo, procura usar toallas desinfectantes.
    • Las familias suelen ser muy atentas con las personas que las visitan para proveer este tipo de servicios y es común que ofrezcan alguna bebida o comida; pero, si bien reconocemos que aceptarlos de forma respetuosa contribuye a la relación terapéutica, como medida de seguridad para ambas partes, debemos evitar el consumo de alimentos durante la visita domiciliaria. Para que no se perciba como un rechazo y se mantenga la relación, puedes informarles previamente sobre esta medida de seguridad.
    • Procura establecer una actividad inicial que te permita identificar el estado emocional de cada miembro de la familia, la reunión comunitaria de inicio puede ser ideal para desarrollar la estructura de la sesión.
    • Diseña una actividad principal de acuerdo con las necesidades de intervención. Puedes aprovechar el desarrollo de hábitos de higiene para la prevención de contagio para hacer actividades familiares encaminadas al cuidado mutuo.
    • Considera un tiempo previo al cierre para hacer un resumen de las actividades realizadas durante la reunión.
    • Antes de terminar, puedes realizar una reunión comunitaria de cierre para monitorear el estado emocional de la familia. Si alguien experimenta una emoción desagradable, investiga si la familia o tú pueden hacer algo para contribuir a que dicha emoción quede en control.
    • Sí consideras que, por las características particulares de la familia o por el tema a abordar, requieres de algún material en específico, procura que estén plastificados o enmicados, esto te permitirá desinfectarlos antes de guardarlos y usarlos de nuevo. Si vas a hacer uso del termómetro emocional, sigue la misma recomendación, no así para el plan personal de seguridad (que no puede ser plastificado ni enmicado ya que se escribe sobre él); en este caso puedes entregarlo a la familia en una bolsa de plástico, la cual deberás desinfectar antes de la visita, para que la familia lo pueda dejar en algún lugar durante mínimo 3 o 4 días antes de poder manipularlo y reducir el riesgo de contagio.
    • Acuerda con la familia la próxima fecha de visita y recuérdales que harás una llamada previa para monitorear el estado de salud de los miembros de la familia y también para informar tu estado de salud para confirmar o reprogramar la visita.

 

  • Al terminar la atención:
    • Desinfecta todos los materiales antes de guardarlos, incluyendo lapiceros, colores, plumones, etc.
    • Pide a la familia que desinfecte sus manos y hazlo tú también.
    • Recuerda que no puedes tener contacto físico con la familia para despedirte, en su defecto, puedes inventar junto con la familia una nueva forma para saludar y despedirse manteniendo la distancia mínima de 1.5 m.
    • Para la movilidad, repite los puntos enlistados anteriormente, ya sea en transporte público o en vehículo institucional.
    • Es importante que después de cada visita destines un tiempo para elaborar tu reporte de la sesión. Una vez que llegues a tu zona de trabajo, desinfecta tu espacio y los materiales que vayas a usar para redactar tu informe.

Anexos

Seguramente conoces algunos servicios locales que pueden proveer servicios a las familias con las que trabajas, por lo que te compartimos un directorio de instituciones a nivel nacional.

Cada institución, como centro de trabajo, debe considerar 4 dimensiones para identificar las medidas a implementar:

Semáforo de riesgo epidemiológico

Para identificar la posibilidad de atención presencial, es necesario abordar esta herramienta que pone a nuestra disposición el Gobierno federal. Este sistema de monitoreo para la regulación del espacio público nos da una pauta local de cómo desempeñar los servicios en relación con riesgo de contagio:

  • Rojo. Se permitirán únicamente las actividades económicas esenciales, asimismo se permitirá también que las personas puedan salir a caminar alrededor de sus domicilios durante el día.
  • Naranja. Además de las actividades económicas esenciales, se permitirá que las empresas de las actividades económicas no esenciales trabajen con el 30% del personal para su funcionamiento, siempre tomando en cuenta las medidas de cuidado máximo para las personas con mayor riesgo de presentar un cuadro grave de COVID-19, se abrirán los espacios públicos abiertos con un aforo (cantidad de personas) reducido.
  • Amarillo. Todas las actividades laborales están permitidas, cuidando a las personas con mayor riesgo de presentar un cuadro grave de COVID-19. El espacio público abierto se abre de forma regular, y los espacios públicos cerrados se pueden abrir con aforo reducido. Como en otros colores del semáforo, estas actividades deben realizarse con medidas básicas de prevención y máximo cuidado a las personas con mayor riesgo de presentar un cuadro grave de COVID-19.
  • Verde. Se permiten todas las actividades, incluidas las escolares.

La autoridad local es la responsable de emitir las instrucciones a seguir en cada momento de la contingencia, por lo que la institución que trabaja con familias debe dar seguimiento a los comunicados oficiales.

Esto corresponde al nivel de alerta sanitaria de la ubicación del centro de trabajo, además, es necesario revisar otras dimensiones para definir el curso de regreso a la atención en modalidad presencial:

Tipo de actividad:

El Gobierno federal ha desarrollado una lista donde define las actividades esenciales dentro de la contingencia, por lo que las instituciones deben revisar los acuerdos publicados en el Diario Oficial de la Federación los días 31 de marzo, 6 de abril, 14 y 15 de mayo del 2020, para identificar si su operación está considerada dentro de dicha lista para poder o no operar de manera diferenciada al sistema de monitoreo para la regulación del espacio público.

Acercar los servicios a las familias forma parte de las actividades relacionadas directamente con la operación de los programa sociales del Gobierno, las cuales se consideran esenciales, por lo que la institución local es la que tiene que ir tomando decisiones acerca de priorizar la atención a distancia o presencial de acuerdo con el cambio del semáforo local.

Tamaño del centro de trabajo:

Conforme a los lineamientos técnicos para la reapertura, publicados por el Gobierno federal, a continuación se indica el tamaño de la unidad laboral:

TamañoSectorRango de número de personas trabajadoras
MicroTodasHasta 10
PequeñaComercioDesde 11 hasta 30
Industria y ServiciosDesde 11 hasta 50
MedianaComercioDesde 31 hasta 100
ServiciosDesde 51 hasta 100
IndustriaDesde 51 hasta 250
GrandeServicios y ComercioDesde 101
IndustriaDesde 251

De acuerdo con la dimensión, existen protocolos específicos a seguir para procurar medidas específicas para la operación presencial.

Características internas:

  • Cada institución necesita identificar:
    • Personal en situación de vulnerabilidad por alta probabilidad de agravamiento de la enfermedad ante un posible contagio por COVID-19.
    • Miembros de las familias que se atienden en situación de vulnerabilidad por alta probabilidad de agravamiento de la enfermedad.

Ante esta población identificada, en localidades con riesgos alto y medio (naranja y amarillo) la institución deberá tomar medidas diferenciadas para disminuir los riesgos, incluyendo la suspensión, o flexibilizar la asistencia a los centros de trabajo o de atención. En caso de alerta máxima (rojo), la institución no puede permitir la exposición de estas personas a riesgos de contagio.

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• Termómetro de las emociones

• Plan Personal de Seguridad